Cuaderno de rodaje

Hace unas semanas, un amigo que hace un taller de Dirección Cinematográfica me propuso participar en su trabajo de fin de curso, actuando en el cortometraje que hacían. No había participado nunca en ningún rodaje, lo mío son las tablas del escenario, así que la idea me atrajo y rápidamente dije que sí. “Bien”, me contestó. “Rodamos en un par de semanas. Pásate un día antes para hacer una lectura del guión, y quedamos el sábado a las 9,9:30 de la mañana. ¿Estudiar el guión? Hombre, míratelo, pero no es imprescindible, por que iremos haciendo cortes”.

Dicen que sarna con gusto no pica. Picar lo que se dice picar, no sé, pero cuando suena el despertador a las 8 de la mañana un sábado, toca los cojones que no veas. Pero bueno, somos profesionales. O no. Pero que vaya, que hacemos esto por gusto. ¿Se cabrearía mucho mi colega si no aparezco?

Fuera tonterías. Tras intentar reparar en vano el despertador (el cristal de la ventana lo di ya por perdido), me doy una ducha rápida, tomo un café que me permita decir dos frases seguidas con un mínimo de coherencia, y al lio.

En el plato solo falta la actriz. El resto, ya ha estado montando. “Vamos a pasar calor”, dice uno con camiseta y bermudas. Mi personaje va con traje de pana. Bien.

Llega la actriz. Es una chica atractiva. La escasez e informalidad de su vestuario debe contrastar con el mío, correcto e impecable. Pero no dejamos de ser compañeros de oficina, así que la chica no puede pasarse enseñando carne. Como ya he dicho, esta de muy buen ver, pero aunque se redujese su vestuario, estamos allí para trabajar. Hacer un cortometraje. La profesionalidad se impone, y en ese momento solo se piensa en el objetivo, en el trabajo y en el resultado del mismo.

“¿Se me marca mucho el piercing en el pezón, o mejor me lo quito?”

Cinco pares de ojos, los de los miembros masculinos, observan con detenimiento las bolitas que, bajo la ropa, se marcan en la aureola de su pecho izquierdo. Tras una sesuda deliberación de 3 segundos, deciden que no hace falta, que está muy bien así.

Los actores releemos un par de veces el guión, mientras el equipo acaba con el escenario, encuadres, cruasanes y demás. Ninguno de los dos ha estudiado.  Nos llaman a rodar.

“Para empezar, haremos un plano secuencia de todo el corto. Adelante.”

Mierda. Sorprendentemente, sale mejor de lo que creía, al menos hasta la mitad. Entonces empiezan las lagunas de texto, especialmente las mías, y hay que parar y volver a empezar. A empezar también a sudar, pero eso ya cuadra con mi personaje. El plato va aumentando de temperatura, el aire se va haciendo más denso y un húmedo olor definible como “tigre de bengala” va adormeciendo nuestras pituitarias. Tras el plano secuencia, pasamos a las replicas y contrarréplicas, sufriendo menos por mi memoria de elefante pigmeo.

“Oye, ¿por qué has dejado de sudar?”

“Err… no sé, supongo que me habré habituado a la temperatura.”

“¿Quieres correr un par de vueltas a la manzana y seguimos rodando?”

Nada me gustaría más. Excepto, quizá, jugar al golf con tus testículos. “¿Y si me hecho un poco de agua en la cara?”

“Bueno, a ver cómo queda. Hmmm mejor pásate este hielo por la frente. Así… ¡Así queda perfecto!”

Gracias a Kubrick que estas en los cielos. El hielo se funde al contacto con mi piel hirviente, dejando caer goterones y regueros de agua fría. En un momento paso de ser el que más calor tiene, al más envidiado. Evidentemente, como un buen profesional, me paso el hielo después de cada toma. Lo que sea por el arte.

Aun hay algunos lapsus de texto. El equipo se pone a discutir nuevos encuadres. Alguien releva al cámara. No tiene mucha idea de cómo funciona, y se le explica. Tenemos que cambiar de posición unas cuantas veces para mejorar el encuadre. El rodaje se va alargando más de la cuenta. Mis sobacos se van cociendo, y cuando aireo mi chaqueta noto como sale humo.

“Vale, ya solo falta un par de tomas y hemos acabado.”

“Escuchad, ¿y si hacemos que tras toda esta discusión que han tenido, que no deja de ser una discusión de pareja soterrada, se besen salvajemente y empiecen a quitarse la ropa haciendo el amor como posesos en el sofá?”

Yo no digo nada. La actriz aprovecha la pausa para ir discretamente al baño. El resto del equipo no dice nada. Seguimos con el plan de rodaje.

Acabamos. “Muchas gracias. Hasta otra.”

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